El Dr. Josep Moyá es neurólogo especialista en desarrollo infantil.

Los niños son especialmente sensibles a la inestabilidad familiar y social, y en el complejo mundo actual no es fácil que crezcan de manera sana. A lo largo de cincuenta años de dedicación, el Dr. Moyá ha tratado a miles de niños y asegura que los problemas de desarrollo a menudo se explican por una falta de vínculos afectivos de la familia.

¿Cómo deben educarse los hijos en una sociedad en la que los niños reciben muchas influencias más allá de la familia y la escuela?

La respuesta que puedo dar es que hay que educar… ¡con amor! Amar significa ser capaz de hacer por las demás cosas que tal vez no nos gustan ni nos interesan, pero hacerlas por su bien. Hoy los niños tienen de todo, y en cambio les falta el amor de los padres, sobre todo del padre. Cuando hablo con los niños del padre muchas veces no saben qué decirme, porque apenas lo ven, y muy pocos llegan a tener con él una relación afectiva fuerte.

No existe amor de verdad, y esto sucede con todo tipo de familias, también con las cristianas.

El término amor hoy puede ser entendido de muchas maneras…Cuando hablamos de amor demasiado a menudo nos referimos a sensaciones, emociones… Pueden ser lícitas y bonitas, pero no transmiten el yo de la persona, falta profundidad. Amar es negarse uno mismo, abrazar la cruz, renunciara cosas legítimas. Amar a los hijos no es llevarlos a una buena escuela, ni asegurarles que tengan dinero(aunque los padres se sacrifiquen por conseguirlo), sino entregarse de veras.

El hombre está hecho para amar y ser amado de manera auténtica. Esto significa amar al margen de que el otro sea o no digno de ello, amar a los hijos, aunque no siempre sea gratificante. Muchos padres me vienen a ver buscando un diagnóstico para su hijo y un tratamiento de farmacia, pero el problema es que el niño no se siente querido. No sabemos vivir el amor cristiano…Dios desaparece de nuestra vida ordinaria. Todavía veo a muchas familias cristianas, pero a veces dudo de la profundidad del sentimiento religioso. Podemos ir a misa los domingos, pero no veo que seamos demasiado cristianos… El mensaje de amor que Dios nos envía a través de Cristo encarnado en un cuerpo humano no nos llega.

¿Cómo describiría su trabajo?

Intento hacer como aquel del Evangelio que dice al dueño de la viña que no arranque la higuera que parece estéril. Procuro que el niño que va atrasado llegue a dar fruto. En nuestro sistema cuando un niño con tres años todavía no hace lo que se espera, enseguida le ponemos una etiqueta que lo define y, por tanto, lo limita. A menudo se hacen diagnósticos muy precipitados y se clasifican como autistas o TDH niños que no lo son. Por la razón quesea, a veces hay que dejar tiempo y trabajar con ellos pacientemente. Me he encontrado con niños que a los tres años eran autistas y que de adultos son perfectamente sanos.

¿Existe un exceso de medicación?

Cuando se les diagnostica un trastorno se les medica con el objetivo, no de curarlos, sino de controlar el problema social que plantea el niño en clase, por ejemplo. Con la medicación los síntomas desaparecen, pero tiene efectos secundarios y afecta al desarrollo. La persona queda limitada y la enfermedad acaba siendo su identidad. Otra cosa es que el cerebro esté lesionado, pero en la mayoría de los casos que he tratado no hay ninguna afectación neurológica. Me los traen por cuestiones que más bien son conductuales y que pueden reconducirse con un trabajo paciente y estando muy encima de ellos.

TEXTO: Eduard Brufau. Catalunya Cristiana. 1 de diciembre de 2019.

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